Capítulo 52 – Toro leyenda



Estéreo con cassettera. Soda Stereo, Divididos y colamos un poco de Natas.

Al advertir una ligera fragancia a nafta en el Toro, le consultamos al Cordobés. Pero no había ninguna pérdida. Es el resabio de un aventurado período pasado. El Toro ya era conocido en la zona. Valledupar, La Paz, Curumaní. Tachá todos.

Autos y autos y autos destartalados nos pasaban a los re santos pedos. Por cada uno, el Cordobés hacía la señal de la Cruz. Caravanas de la muerte, nos dijo el loco. Esa ya la hizo. Pero no la hace más. Si existe realmente algo parecido a manejar una bomba molotov, es eso: contrabandear nafta desde Venezuela en autos robados. Mucha guita, mucha velocidad, por eso entran (y salen) muchos.

Un día el Toro se le plantó y no quiso arrancar. Ese día fue la gran redada, cayeron varios, palmaron algunos y él zafó. Salió en todos los medios. Por eso hace la señal de la Cruz cuando pasa uno de esos autos. Por eso ahora vende empanadas.

Desde entonces el Cordobés y el Toro conforman una unidad totémica.

De aquellas épocas el Toro tiene crédito en la Guajira. Conoce gente que le debe cosas. Guita, favores, quién sabe. Nos estaban esperando tres tipos en La Paz*. Se pusieron a hablar de algo con el Toro; para ellos claro, para nosotros no. Menos pregunta Dios y perdona:

“No, no, eso no, mi hermano, no podemos. Tú sabes...”

“¿A qué no? ¿O de repente** nos olvidamos de todo, che?”

“Qué pena contigo. Pero se nos ha embolatado el negocio. Hemos tenido problemas y no podemos volver a ese verguero.”

“¿A qué no, loco? ¿A qué no? ¿O nos olvidamos de esto?”

Se levantó la remera y señaló algo en su pecho. Una bala, un tatuaje, quién sabe. Estábamos detrás suyo y no pudimos ver.

“Verga…Ya, hermanito. Ya. Cuenta con ello.”

Sin más, partieron los Socios del Toro en dirección a Curumaní. Estábamos cansados y el calor era imposible, paramos en una posada y más tarde llegaron el Gaita y Murdock. El Turco volvió a Bogotá para caretearla con los assholes.


(*) La Paz, municipio ubicado en el Departamento del Cesar, Colombia. Límite con Venezuela. Sitio web: http://www.lapazrobles-cesar.gov.co/

(**) Puntualmente, lo que dijo fue “déshe-e-pénte”. Asumimos que dijo “de repente”.

4 comentarios:

Madame Lulu dijo...

el loco es un paladín del convencimiento. que pena con el gordo, que pena con usted, ojalá lleguen a tiempo al verguero. Si estoy nerviosa por el gordo detrás de la pantalla me imagino que en el Toro ya me hubiera comido todos los bizcochos.

fernandes dijo...

Estimada Madame, no le garantizo que todo saldrá bien; pero desde ya, su sublime presencia (aunque sea desde lo lejos) hará todo más llevadero.

Orlok dijo...

Excelente la historia de las caravanas de la muerte. Aguante latinoamérica!

La figura del cordobés sigue agigantándose.

fernandes dijo...

Fuera de joda, fuera de ficción, cuando te pasan esos autos destartalados cargados hasta la manija de bidones de nafta, se te frunce todo.

La Paz es un pueblo como de Mad Max. En la avenida principal (y única) está lleno de carteles hechos a mano ofreciendo nafta a precios ridículamente bajos. (Masomenos, como en las rutas Argentinas cuando te ofrecen salamines o pescados de río)

Nuestro héroe es un Jesús totémico compuesto por un Torino y un Cordobés.